jueves, 27 de agosto de 2015

Mi perro



      En el tórrido  julio murciano , en un banco de penumba dudosa, descanso anclado a mi perro que espera deshacer el camino que  lleva a casa. 
          Entre él y yo todo está claro, no preciso escuchar su ronca voz, ni necesito de tratados y contratos formales ante notario. 
          Entre nosotros todo es evidente. 
   Simplemente con mirarme, simplemente con esperarme, simplemente con acariciarme con su floja lengua de color rosáceo...simplemente con ello; sé que es mi compañero  fiel en el desaliento, el guardián más fiero de mi heredad, quién si yo no le fallo vivirá por siempre su vida a mi lado, el que sin límites me donará alegría, comprensión  y afecto ... y quién tan solo con notar deslizar mi mano sobre su pelaje, su alma corre feliz y libre.
        Mi perro y ese perro que todos llevamos dentro... nosotros... siéntelo y estaremos en la vida conscientes y plenos. 

¿Qué es real?


- ¡Dame tu mano!¡No mires atrás!¡Corre! ¡Te estoy vigilando!.
Agudas, suaves, rotundas y distintas resonaban esas voces en sus oídos. Le impedían percibir los trinos, el ulular del viento, la risa del agua. Era incapaz de hablar o escuchar a nadie. En su mente solo retumbaban esas voces caprichosas.
-          ¡Calla! ¡No te muevas! ¡Cierra los ojos! ¡Olvidate!

Se quedó perdido en ese ilógico diálogo, que fue lo único que llenaba sus días en aquel soleado manicomio.